jueves, 20 de diciembre de 2012

La fuerza de la fe y de reencontrarse con quien uno es en realidad.

Cómo estaréis ya cansados de  escuchar, este 21 de diciembre es el día en que se pone fin al ciclo del calendario maya, lo que se viene llamando como "el fin del mundo" o el "final de los tiempos". Se han dado este año algunas curiosas "casualidades" sobre las cual me gustaría reflexionar. Como dije en otro artículo soy católico y, precisamente por eso, estoy abierto al estudio de lo preternatural y sobrenatural. Digamos que me interesan esos temas que hoy, con el racionalismo imperante, resultan extraños para tanta gente. Soy un alma inquieta, alguien que busca el Misterio con mayúsculas, es decir Dios, una persona que no se queda solo en aquello que es tangible materialmente.

Me viene, ahora mismo, a la mente un niño de trece años, un crió que desde muy pequeño se interesó por estos temas. Aquel niño se sentaba junto a un ordenador situado en la secretaría de un colegio navegando, en plena prehistoria cibernética, por internet. Aquel muchacho leía sobre Dios y sobre lo relacionado con la religión, pero también sobre otros temas que le llamaban la atención como las caras de Bélmez, la Atlántida, vida en otros planetas, el yeti, el monstruo del Lago Ness y otras leyendas ¿con cierta verdad? quizá, a veces la realidad supera la ficción.

Aquel niño sufría acoso escolar, pues en clase se metían con él por múltiples motivos, le pegaban y tiraban cosas poniendo, como argumento, cualquier excusa tonta, solo por que tenía discapacidad auditiva. Era un niño que lo pasaba mal cuando acudía al colegio, sin embargo encontraba en el misterio una vía de escape, el Misterio con mayúsculas le guiaba (pues por mucho que conozcamos a Dios seguirá siendo misterio ya que nosotros con nuestro conocimiento no podemos llegar a abarcarlo). Ese niño fue creciendo y ya no solo leía en aquel viejo ordenador (un 286, posteriormente un 386 y, finalmente, el Pentium I), sino que empezó a comprar libros. La radio la escuchaba desde pequeño, primero Turno de Noche y, posteriormente La Rosa de los Vientos, Juan Antonio Cebrián fue para él un maestro. Era un niño que, a pesar de esos problemas que tuvo, sentía gran pasión por la vida, era muy curioso y siempre estaba dispuesto a conocer algo nuevo. 

Fue creciendo mientras iba aprendiendo cada día cosas nuevas. Unos años mas tarde comprendió que estaba llamado a una vocación concreta y preciosa, el sacerdocio. Entró a un seminario concreto, en una diócesis concreta y, por prejuicios que le vinieron a la mente, dejó de interesarse por aquellos temas que le habían cautivado desde su mas tierna infancia, cuando su padre le contaba aquellas historias, por ejemplo la mencionada de las Caras de Bélmez. Al hacer esto dejó de ser él mismo y empezó a convertirse en otra persona, en alquien que, de haber seguido actuando así, no querría haberse convertido, pues hubiera podido causar mas mal que bien a los demás. Cometió muchos errores y terminó saliendo del seminario. Una decisión dura y, posiblemente, no de la mejor manera, pero que debía tomar pues aquello podía terminar estallando de una o de otra forma. Por otra parte hubo personas que no se lo pusieron precisamente fácil y, como nuestro protagonista había dejado de ser él mismo, se sintió muy perdido en aquel tiempo.

A causa de esto tuvo una fuerte depresión, estuvo en un estado que ni siquiera sus mas allegados pueden imaginar ya que intentó ocultarlo. Este estado le duró unos dos años, perdió el interés por la vida pues nada tenía sentido para él. Pasó, aproximadamente, un  par de años donde de vez en cuando iba por aquella facultad de Teología a ver a sus amigos, pero casi todos los días simplemente se iba a pasear por la ciudad. Una buena noche decidió comenzar a escuchar aquel programa que tanto le había gustado (Milenio 3), pero a veces apagaba la radio. No obstante algo se estaba gestando y, en 2011, volvió a sentir la vieja llamada, aunque sin saber concretamente a donde, quizá la vida religiosa. Desde aquel cálido verano en su ciudad, tanto a nivel meteorológico como humano y espiritual fue conociendo gente buena e interesante que, de alguna manera, le ayudaron a salir de aquel estado depresivo. Pero fue en la Semana Santa de 2012 cuando un gran amigo, seminarista, prendió un chispazo en su alma cuando le dijo "Me parece bien que quieras ser célibe y consagrarte plenamente a Dios pero ¿Por qué no ser sacerdote? no tiene sentido ser diácono permanente y célibe". Fue entonces cuando comenzó a plantearse viejas aspiraciones, preguntas que desde su mas tierna infancia había tenido volvieron a su mente y un ancestral deseo volvió a avivarse en su alma.

En mayo de 2011 también ocurrió algo que le marcó. Fue a comer con un viejo profesor de la facultad y este le dijo "¿Por qué no haces un Máster?". Efectivamente, durante el curso 2011-2012 hizo un Máster, el cual le hizo renovar otra de sus viejas pasiones: la Historia. Fueron meses de trabajo constante que contribuyeron al notable crecimiento de nuestro protagonista.

Pero fue el pasado 9 de junio cuando tuvo aquella experiencia en la que se reencontró consigo mismo. Esa noche estuvo en casa de uno de esos amigos que ha conocido recientemente, un pequeño "hobbit", uno de esos quijotes que aun existen por nuestra querida y casi bimilenaria España. Sin entrar en lo que sean los OVNIS y sin defender su posible existencia o su no existencia (pues no es esa la intención de este artículo), de alguna manera su vieja pasión se hizo presente aquella noche. La cuestión es que este muchacho, su amigo y otras amistades de este pasaron la noche contemplando las estrellas mientras escuchaban aquel programa de radio pues se estaba llevando a cabo lo que habían llamado "Alerta OVNI". Lo importante no es si vieron o no algo extraño en el cielo, lo verdaderamente importante es que aquel niño de trece años volvió a hacerse presente. Nuestro protagonista se reencontró con ese niño, se reencontró con aquel muchacho que él mismo fue y sigue siendo, aunque aun no era consciente de ello. Volvió a recobrar el interés por la vida, a encontrar el sentido de esta, a sentirse vivo de nuevo. Al final de la temporada radiofónica el presentador habló sobre los viejos sueños y a nuestro protagonista le dio la impresión de que estaba hablándole personalmente.

Pasaron los meses y llegamos al presente diciembre de 2012. Se hace una exposición sobre el programa, sobre el misterio en general, coincidiendo con la profecía maya. Aquel joven acudió y quedó fascinado con lo que allí vio. Al día siguiente el "chispazo" prendió del todo. El chico se dio cuenta de que el 9 de junio, como hemos dicho, se había encontrado consigo mismo, se había reencontrado con aquel niño de trece años que tenía múltiples sueños y que estaba seguro de que se cumplirían. En estos momentos se acerca el 21 de diciembre. En realidad no se va a acabar el mundo sino que lo que tiene término es el calendario maya, el cual se realiza con una cronología de unos cuantos miles de años y, una vez finaliza esa cronología, vuelve a comenzar de nuevo. Los mayas no tenían noción del final de los tiempos como nosotros pues es una idea de origen judeocristiano. La noción de los mayas sobre el calendario era cíclica, terminaba y volvía a comenzar. En cualquier caso si se trata de una fecha especial para nuestro protagonista es porque decía, hacia 1995-1996 "buah, pues si quedan quince años para el fin del mundo queda todavía toda una eternidad, anda que no queda tiempo de aquí a entonces". Era, de algún modo, una fecha que le llamaba la atención. No es que por entonces, ni ahora, creyera que se iba a acabar el mundo, sino que le parecía curiosa aquella profecía en un tiempo, donde además, leía también sobre Nostradamus o el llamado San Malaquias y su lista sobre los Papas.

Como digo, han pasado quince años y aquel, lejano en el tiempo, final del calendario maya que tanto le había llamado la atención de pequeño se acerca. En el momento en que esto escribo faltan exactamente dos días. Aquel niño sigue estando vivo. Ese joven, ahora que se ha reencontrado consigo mismo y con su lugar en este mundo, sigue siendo tal como fue, tal como eran también su padre y su abuela. Por cierto, otra "casualidad", en 2013 se van a cumplir veinte años de la muerte de aquella inolvidable abuela, una mujer extraordinaria que superó los noventa años de edad y, aunque según algunos había perdido un poco la cabeza, quizá estaba mas cuerda de lo que parecía. Este niño, este joven entiende la vida, reflexiona sobre ella, tal como la entendían su padre y su abuela: puro misterio, pura magia, pura aventura.

Ese niño, ese joven, soy yo. Quizá pueda sorprender que mezcle temas que, de alguna manera, son tenidos por antagónicos. Hoy son muchos los que piensan que si existiera vida en otros planetas eso de alguna manera contradeciría lo que enseña la Iglesia y "si se descubre caerá la religión" cuando el Vaticano respalda que pueda existir vida en otros planetas. Pero no quiero plantear una discusión sobre este tema ¿Quizá en un futuro artículo? puede ser. La cuestión es que, después de unos años de oscuridad, donde nada tenía sentido, donde permanecía en un permanente estado de aletargamiento y desesperanza algo ha vuelto a prender en mi alma, he ido redescubriendo algunos puntos de mi interior que parecían olvidados, no recordaba ya aquel niño que era yo de pequeño. Siempre fui, como he dicho, un chico inquieto, uno de esos quijotes que se resisten a dejarse engullir por un mundo cada vez mas materialista y hedonista. Me podrán negar la existencia de Dios con argumentos que algunos consideran "científicos y racionales", pueden decirme que con la muerte termina la vida o que es absurdo creer que pueda existir esta en otros planetas planteando cuestiones como que "solo la Tierra tiene condiciones para la habitabilidad" con una visión egocéntrica sobre el ser humano pues si nosotros tenemos unas capacidades que se adaptan a la vida en la tierra ¿Por qué no va a haber criaturas que se adapten a otras condiciones vitales en planetas diferentes al nuestro? en el onubense Río Tinto, que no se caracteriza precisamente por su "habitabilidad" hay unas bacterias que sobreviven en un ambiente hostil ¿Por qué no en otro planeta? además se están descubriendo que hay otros planetas similares a la Tierra.

Pero lo realmente importante, cómo digo, es que me he reencontrado conmigo mismo. En los últimos tres años, desde mi salida del seminario, estuve depresivo, sin ganas de nada, fueron  momentos bastante duros. Recuerdo cuando, hablando con mi párroco me decía "Es que fue un palo bastante fuerte, es normal que estés tan herido psicológicamente". Llegué a ir a tres psicólogas diferentes, una de ellas católica, ninguna podía ayudarme pues era una cuestión que debía resolver yo mismo dejándome guiar por Dios, eso bastaba tal como se ha demostrado pues en el último año y medio he tenido una serie de vivencias que me han hecho despertar de mi letargo, que me han indicado mi lugar y mi función en este mundo. He conocido, además, a personas que me están ayudando mucho y seguirán haciéndolo, espero yo poder también ayudarles. En definitiva, he encontrado mi lugar en este mundo, viendo claro el camino que debo seguir. Hay un detalle que no he mencionado aun, otro gran amigo en su momento me puso en contacto con una fundación de comunicadores católicos en la que estoy aprendiendo mucho y que, probablemente sea uno de los bastiones en que me voy a apoyar para conseguir otro de mis viejos sueños: colaborar en la radio, mi medio de comunicación favorito.

Lo fundamental, creo, es haberme reencontrado con ese niño de trece años que fui y que sigo siendo. Una de las frases que mas me impacta del Evangelio es, precisamente "si no os hacéis como niños no entrareis en el Reino de los Cielos". Creo, realmente, que uno de los grandes problemas que tiene el hombre hoy en día es que ha perdido su condición de niño. Hoy en día parecen que las grandes cuestiones, esas que siempre han interesado al hombre (especialmente Dios) fueran un mito del pasado según los gurús de ese racionalismo materialista que pretende imponerse como una nueva religión. Por eso yo me considero un poco quijote pues voy contracorriente ya que no me quedo, como he dicho, con lo palpable y tangible sino que voy mas allá de esto, siempre, aunque a veces pueda parecer un acto de locura, pero es algo connatual a mi forma de ser, la cual que me enseñaron, especialmente, cuatro personas que aunque hoy no están conmigo físicamente si me acompañan espiritualmente (mi padre, los dos abuelos que conocí y mi tía-madrina). También con esta cuestión de volver a ser como un niño me ayudó mucho releer El Principito, un libro que, así lo creo, habría que leer por lo menos una vez al año, por la gran sabiduría que tiene y porque cada vez que lo lees aprendes cosas nuevas.

En estos días he leído "El hobbit", un libro que, aunque fuera escrito para niños, tiene un mensaje cristiano bastante poderoso. Me llama la atención el personaje de Bilbo Bolsón pues su marcha con Gandalf y los enanos es una analogía de lo que es la vocación, una llamada en la cual hay resistencias interiores y miedos pero, que si uno persevera, termina consiguiendo aquello con lo que sueña. Por eso he hablado en este artículo de cosas que pueden parecer antagónicas pero que para mi tienen mucho sentido, algo que comprende quien me conoce bien. En cuanto a la cuestión de la vocación religiosa me he dado cuenta de que siempre he tenido un carisma franciscano, por lo que me estoy formando para poder profesar como franciscano seglar. Mi forma de ser y de entender la vida es algo quijotesca en estos tiempos que corren, donde el creyente es visto como un ignorante o un loco. Pero no solo sueño con esto sino que también quiero dedicarme a mi otra gran pasión, como he dicho, la Historia investigando y escribiendo. Con respecto a la radio igual, sueño con colaborar en ella y tengo fe en que confiando en Dios coseguiré todo lo que me pueda proponer pues el poder de la fe es poderoso y mi fe es fuerte. También, en definitiva, me gustaría investigar y comprender mejor el mundo de lo espiritual, especialmente para poder ayudar a los demás.

Editado en Enero de 2015:

Tras el Máster de Historia y Ciencias de la Antiguedad realicé otro en Periodismo Social en la Fundación Crónica Blanca, donde ahora estoy trabajando como colaborador en el área de comunicación institucional. También tengo un blog en el portal de información religiosa Infovaticana. En mayo de 2014 profesé como franciscano seglar en la Fraternidad de Jesús de Medinaceli.

Me he decidido a escribir esto porque soy consciente de que los testimonios ayudan a esas personas que lo están pasando mal, especialmente en estos momentos de crisis, no solo económica sino moral y espiritual. Amigo, si te sientes deprimido, si estás en una situación donde no ves sentido a tu vida busca a Dios, pídele que te ayude y mira en tu interior, reencuentrate con esa persona que un día fuiste y lucha por tus sueños. Encontrarás dragones, pero si tienes fe y perseverancia terminarás derrotándolos.

Un fuerte abrazo a todos.

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